domingo, 5 de diciembre de 2010













No puedo escribir. No existen las reglas semánticas. Ni las reglas que aprendí de niño. No aprendí a jugar. Ni a leer. No he sido el que fui, ni soy el que soy, ni seré el que imagino.

En este instante solo rige el silencio.

En la sombría noche ha desaparecido, en una injusticia que no tiene nombre, un suspiro que le daba sentido a todo. Y me he quedado sin palabras.

No hay forma de describir el vacío. Tampoco se puede sentir lo que se ha vivido en un año de ausencia.

Pedro se ha ido en la madrugada azul, su partida ha sido un grito. Me reclamo de vuelta a su lado, no estuve, no pude estar.

Ocupado, como siempre he estado, en una vida, en tres vidas, en un sueño, en otro sueño. Esperanzado como siempre he estado, en que mi pequeño mundo se arregle de una vez. En que todo vuelva a tener sentido, en sobrevivir un día mas. Pedro me reclamo de vuelta. Pero cuando llegue ya no estaba, se había ido.

En mis ultimas conversaciones con el ya pude intuir su ausencia. Desde su infinita ternura me extendía un abrazo profundo. Mi hermano siempre fue parte de mí. Yo no me di cuenta de eso del todo, hasta que esa parte mía se desvaneció en una especie de suicidio colectivo, donde no fue el quien se fue, sino todo se evaporo y el quedo solo, clamando por lo que no hay.

Pedro se ha ido, nunca como hoy, nunca como en el pasado año, he sentido mas de cerca la ausencia de todo, la presencia, la endeble marejada que es el cuerpo.

Esta partida me ha dejado seco, en un suelo que abona la tristeza.

Y nunca, como a lo largo de este año, he mirado a mis hijos, el mar y mis propias manos con mas sentido. Nunca, como a lo largo de este año que he tenido que pasar sin Pedro, he tenido que remar tanto para saber que hay un sentido oculto, tanto en la vida como en la muerte.

Jamás me habían matado. Por eso nunca me había quedado sin palabras. Pero la muerte es algo muy simple. Nunca me habían dejado sin algo tan esencial, como la vida misma, por eso hoy ni lloro, ni escribo. Habito solo en esta caja vacía y nunca he luchado mas por encontrarle un sentido a entregarme a la marea que me hace estar aquí y que finalmente me llevara, como lo llevo a el, como se lo lleva todo.

2 comentarios:

  1. Querida Inés: leí el texto de Ariel y escribí unas líneas que luego no le envié porque no sé si me recuerda y me parecía una intromisión en sus sentimientos. Tiene que ver con la memoria. Sentí el vacío del que habla Ariel y quería transmitirle que al haber tratado poco a Pedro mis vacíos eran mayores, sin embargo, el encuentro en Casandra me permitió llenar espacios con la memoria de sus terapeutas, talleristas, y el recuerdo sincero y amoroso de sus amigos y compañeros. La trascendencia está justamente allí, en ese tejido de memoria que mantiene lo más vivo y genuino de la persona, y lo más hermoso: construida entre todos. La vida se obstina en seguir mientras hay memoria repartida en cada uno de nosotros. Gracias por tu cariño y confianza en todo momento. Un abrazo.Mónica.
    09/12/2010

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  2. A Uds. queridos amigos, los acompañamos con el amor que Pedro
    irradiaba y el dolor que tanto nos dejó su partida.
    Deseamos que siempre lo lleven en el alma pero que el dolor se apague
    poco a poco.
    Un gran abrazo de quien siempre los recuerdan con cariño.
    Nora-Luis y Leo

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